Resumen
La confesión era un asunto complejo para la conquista espiritual de los pueblos originarios de América. Por un lado, era vista como una poderosa herramienta de control social y disciplinamiento de las conciencias, pero, por otro, implicaba una serie de dificultades doctrinarias y prácticas, como la traducción de los términos religiosos, la distancia entre las lenguas de confesor y penitente, y la adecuación (cognitiva, cultural) de los contenidos, tanto para desterrar las prácticas indígenas que se consideraban pecados, como para evitar inculcar nuevas faltas. En este marco, confesar los pecados de la carne podía resultar complejo, pues el sacerdote debía interrogar pero al mismo tiempo no debía hacerlo muy explícitamente ni incitando al pecado. El confesionario, como género textual, era un recurso útil, de modo que Andrés Febrés incluyó uno en su Arte de 1765. El autor percibe la complejidad del sexo y la sexualidad, por lo que decide escribir este asunto en mapudungun y en latín, mientras que la lengua de comunicación de su texto es el español. Creemos que esta determinación se debe tanto al contexto comunicativo como a la necesidad de advertir a los misioneros lectores que se trataba de un asunto especial; además, lo explicamos por el pudor que pudo haberle ocasionado este tema al autor. Para explorar el texto, se ofrece una inédita traducción al español de “Sexto y nono mandamiento”. Al tiempo que analizamos el escrito, revisamos las dificultades metodológicas del estudio.

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Derechos de autor 2026 Nataly Cancino, Fresia Loncón Antileo

